martes, 27 de enero de 2026

“TIRAR LA TOALLA EN EL CUADRILÁTERO DEL PENSAMIENTO” Artículo de Patricia Steinhardt (Patricia Hart, en Arte) / Teatro y Neurociencias

 


“TIRAR LA TOALLA EN EL CUADRILÁTERO DEL PENSAMIENTO”

Artículo de Patricia Steinhardt (Patricia Hart, en Arte)  / Teatro y Neurociencias

Artículo de Patricia Steinhardt, Patricia Hart
en arte / Teatro y Neurociencias


La realidad vista desde la perspectiva de la articulación Ciencia-Arte

 ¡Y claro! Si en el título ya sugiero un ring de boxeo, es inevitable que a quien lo lea, aunque no sea consciente, le aparezca en el cerebro una contienda, un enfrentamiento, una lucha de box entre rivales,  una competencia donde gana el mejor, el más hábil, el más fuerte, el más resistente, el más creativo, el más astuto, el más inteligente, el más talentoso, el más entrenado, el más plástico, en fin, “el más, en algo”. Y pierde el menos…bueno, amigos, no voy a desarrollar ni enumerar los menos,  porque se sobrentienden.

 Sólo bastó un título para que en el lector se disparara el chip de todos los mecanismos cerebrales y de la memoria cultural que responde al paradigma que nos fue dado casi genéticamente, (casi),  y que privilegia como valor por antonomasia del ser humano, el ganar la batalla, el salir victorioso, el vencedor, el que tiene poder sobre el otro porque es más y lo provee de privilegios.

Tiene sentido en una competencia deportiva, que gracias a dios (o a quien quieran) permite y posibilita hacer “catarsis” de esa condición, tanto en los deportistas, como en quienes los observan (para el cerebro es lo mismo).

Pero el “cuadrilátero” que propongo está en nuestras cabezas. Este cerebro peleador y “cocorito”  (los que tienen años “de más”, disfrutarán  este término) que llevamos adentro de la caja craneal, se las trae:

 —¡En esta esquina el campeón de las emociones y los sentimientos!  !Y en esta otra esquina, el campeón del razonamiento abstracto y la reflexión!

 Caramba, amigos, parece que el enfrentamiento en nuestro cerebro, en esta noche de boxeo “internacionalinterno”, promete un espectáculo imperdible. Menos mal que lo tenemos adentro nuestro, porque lo podemos visualizar cuando queramos y sin que nadie se entere de su contenido. Bueno no es tan así de que nadie se entera, digo, ya que  si alguien nos está observando, ya sea por el lenguaje corporal o las expresiones del  rostro o el tipo de  mirada que manifestemos, puede considerarlas como  pautas para deducir que algo nos sucede, que algo nos está afectando.  Pero esto último,  no es motivo de este artículo.

 El cerebro no puede mantener por mucho tiempo estas contiendas de campeones, con la intensidad que exige su desarrollo.  Por alguna razón los rounds en el box, son de tan pocos minutos. El desgaste es inconmensurable.

Algunos temas que captura nuestro “acorazonadocerebro” se acomodan perfectamente en la categoría de competencia espectacular de altísimo rendimiento  extra-cotidiano.

Cabe hacernos una pregunta: ¿Cuánto tiempo un ser humano puede mantener ese estado de exigencia extrema con sus contendientes cerebrales? ¿Acaso, es posible que los managers y los popes y empresarios del boxeo, armen y exijan a los boxeadores, que jueguen por ejemplo, 40 rounds seguidos? ¿Es posible? Supongamos que sí. Supongamos que es posible.

 Entonces el espectáculo cambiaría su razón de ser, su móvil, su sentido y  se transformaría de catarsis deportiva, a placer perverso de los observadores al ver el inevitable proceso de desintegración de los dos participantes / de deterioro / aniquilamiento / extinción / muerte / hasta que ambos tiran la toalla en el cuadrilátero / y otros los sacan como despojos y los recaudadores de las apuestas se embolsan las ganancias  /  y los organizadores del evento, festejan que se han  llenado de dinero, a sabiendas que otros dos luchadores están esperando para subir al ring.

.¿De qué estamos hablando? ¿Cuál sería la concepción y el objetivo profundo que persigue quien planifica tan drástico espectáculo?  Y volviendo al cuadrilátero del cerebro, ¿también colapsan nuestros campeones? ¿Tal vez sea una metáfora?

 Tengo para mí, las asociaciones y posibles respuestas que se me han ocurrido. Pero no las transcribo porque no superararán nunca las vuestras. Me asumo limitada y confieso el temor que me produce aventurar restringidas opciones.

 

 Ah, me olvidaba decirles que me encanta ver  box, cuando los deportistas lo transforman en una “lucha-arte” / cuando hacen un despliegue de exactitud de observación en millonésimas de segundo del contrincante / y en millonésimas de segundo reaccionan en ataque o en defensa / cuando el árbitro cuida a los jugadores / cuando los entrenadores los estimulan o apaciguan / cuando ellos disfrutan con pasión sus cualidades / cuando se abrazan al final / cuando se reconocen / cuando comparten y construyen entre los dos y el público, el acontecimiento deportivo / cuando son aplaudidos por los espectadores y entonces, felices y satisfechos de haber dado lo mejor que cada uno podía, se retiran del cuadrilátero para descansar y entrenarse con pasión para un próximo encuentro. Y otro encuentro y otro encuentro y otro más, por siempre.

 Abrazos para todos.

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